La Ambición de Torrelavega

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DESPUÉS DE 20 años de Estatuto de Autonomía para Cantabria, es el momento adecuado para enfrentarse a la actual realidad de la situación de la segunda ciudad de la región en el contexto autonómico.

La entrada en funcionamiento de la anhelada Autovía Santander-Torrelavega, contemplada con algunas reticencias por parte de muchos sectores locales, ha unido en tiempo y comodidad a las dos principales ciudades de Cantabria. Ahorro de tiempo que no ha tenido su correspondiente contrapartida con la llegada a la capital del Besaya de grandes inversiones provenientes de la nueva realidad administrativa, que ayudasen a contrarrestar las carencias producidas por la pérdida de su tejido industrial y su consecuente descenso en el nivel de vida de los torrelaveguenses.

Hay una especie de percepción colectiva de la existencia de una correlación, inversamente proporcional en mejora de la calidad de vida y mejores servicios, a la consecutiva asunción de competencias por parte de los ejecutivos regionales. A más competencias asumidas, mayor descenso de las inversiones en la ciudad.

Torrelavega es una ciudad incómoda, con altos índices de degradación medioambiental, con graves carencias urbanísticas, con falta de servicios generales, culturales, recreativos y de ocio y con una clara pérdida de protagonismo en la prestación de los servicios que, históricamente, realizó como cabecera de una comarca en la que reside casi el 25% de la población de Cantabria.

El grave error de las diferentes corporaciones locales, de no haber sabido liderar, como históricamente lo hizo, la comarca del Besaya y no haber sabido plantear reivindicaciones en este sentido, unido a la insensibilidad de los diferentes gobiernos regionales ante las escasas demandas con ambición de los torrelaveguenses, han propiciado que la segunda concentración urbana de la región, haya perdido peso económico, social y político en el contexto regional.

Torrelavega debe diseñar su estrategia para ser el núcleo de redistribución y equilibrio de los beneficios de la nueva realidad autonómica, y no contemplar pasivamente la aparición de un nuevo centralismo cercano que, precisamente por su cercanía, se asemeje a un nuevo caciquismo provinciano.

Los diferentes gobiernos regionales no han precisado de los apoyos políticos provenientes de la capital del Besaya, y de los pocos acuerdos y pactos para el reparto de poder en Ayuntamientos y Gobiernos regionales o equilibrios parlamentarios, Torrelavega no ha sabido sacar ventaja económica. Poco importa que Torrelavega y su comarca tengan un importantísimo aporte el PIB regional, poco importa que la ciudad continúe con graves problemas medioambientales, de contaminación, laborales, de infraestructuras, de servicios generales, de calidad de vida…

Con todas estas carencias, parece lógico pensar que tras la asunción de la mayoría de las competencias que otorga el Estatuto de Autonomía, no hubo una visión colectiva, y tampoco una visión de redistribución de los beneficios, incluidas las comarcas que más ayudan a su riqueza y sí, una tendencia observable a potenciar el entorno cercano a la capital de la región.

Torrelavega, sin caer en victimismos, pero sí partiendo de un claro principio de realidad, debe plantear de una forma rotunda, peticiones y actuaciones razonadas para liderar iniciativas de actuaciones comarcales en materia de creación de empleo, de mejora y ampliación del comercio, de fomento de la formación en nuevas tecnologías para los jóvenes, de formas de mejora de la calidad de vida, del medio ambiente, del tejido industrial, de viviendas, de urbanismo y de las nuevas formas de ocio, cultura y recreación.

Torrelavega debe jugar y tener una papel decisivo, en la nueva realidad autonómica de competencias totales y así lo deben entender los diferentes gobiernos, que deben priorizar actuaciones y entender el peso social, político y económico de la capital comarcal del Besaya.

José Ignacio Peña Ruiz-Capillas / Joaquín Díaz Rodríguez - Diciembre 2002
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