Para cuando el Teatro

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Se ha presentado en un formato y ceremonia que recuerda a la forma en que a algunos niños se les entregan los regalos; una gran caja envuelta en brillante papel charol, atada con lazos de raso, pero en la que en su interior hay un detalle de escaso valor. Los niños, en su inocencia, quedan cegados por el envoltorio y no se percatan del contenido.

El proyecto Teatro Concha Espina no cubre las demandas actuales de la ciudad y su comarca y mucho menos la del futuro inmediato. La ciudad espera el teatro desde hace trece años, el tiempo en que el Festival de Invierno inicio su andadura y los ciudadanos respondieron de forma generosa, culta y entusiasta.

El Gobierno Regional de Cantabria(?)tan poco sensible a los proyectos culturales que no tengan su sede e influencia en Santander, aporta una cantidad ridícula, por mínima, a un proyecto que debe ser mucho más ambicioso, un proyecto que debería ser referente de la actividad teatral musical y creativa de la Comarca del Besaya. Torrelavega, con un teatro con una capacidad acorde con la población de la ciudad y su comarca, recuperaría la tradición de ser la autentica capital cultural de la comarca.

No hay que pensar mucho para entender a quien no le interesa que esta situación se produzca, y a quien beneficia que el teatro Concha Espina sea un teatrillo de 647 localidades que apenas supera los actuales abonos que prácticamente tiene fijos el Festival de Invierno.

La respuesta a este proyecto le tienen ustedes a veinticinco kilómetros donde tendrán solucionadas sus inquietudes culturales, recreativas y de ocio, que como todo el mundo sabe conllevan una riqueza, bienestar social y calidad de vida a las que parece no pueden acceder una parte importante de los habitantes de esta, cada vez más, centralizada Comunidad Autónoma.

¿Que ocurrirá cuando se haga una programación anual estable y no un único ciclo invernal? Pues sencillamente, que estaremos como ahora; haciendo colas sonrojantes por su forma y elogiosas por su fondo, por lo de que elogioso tienen las inquietudes culturales y la calidad de vida que supone pretender disfrutar de la cultura en sus variadas manifestaciones.

Torrelavega, que ha dado suficientes pruebas de continuidad y tradición cultural, ha vuelto a perder otra oportunidad histórica, otra más, que impedirá, otra vez más, el desarrollo armónico y equilibrado de una ciudad que tradicionalmente ha visto excesivas actuaciones similares a lo largo de los años. Los intereses de la capital siempre han prevalecido sobre las necesidades de Torrelavega.

Joaquín Díaz Rodríguez - Julio 2001
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