Eduardo Cuevas. Médico e Historiador

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Con la muerte del doctor Eduardo Cuevas Fernández-Regatillo (1926-2003), nos asalta la impresión de que desaparece una forma genuina y altruista de entender Torrelavega. Era el doctor Cuevas un personaje que se labró una huella propia de inteligencia, pasión por la historia y amor a la ciudad. Pocos detalles de Torrelavega de los últimos sesenta años escapaban a su conocimiento y, en muchos casos, vivencias propias, porque fue un ciudadano que vivió con intensidad la suerte de Torrelavega, una veces adversa y otras más optimista. La víspera de su hospitalización, hablé con él por teléfono para consultarle algunos datos sobre los que Lalo Cuevas era consulta obligada, y como siempre estuvo atento y locuaz, aunque con una cierta expresión de cansancio y agotamiento.

Siempre recordaremos de su hidalga figura su predisposición positiva a todo aquello que tuviese relación con Torrelavega. Pero esa no era toda su aportación. La cultura pierde, además, a uno de sus hombres más distinguidos y, también, a un testigo de todo lo que acontecía en ese mundo. Lalo Cuevas no se perdía un acto cultural, exposición o cualquier otra manifestación en este ámbito. Alentaba, por tanto, a los autores y protagonistas, cuando a veces un gesto de apoyo, en el momento más oportuno, es decisivo para continuar una obra. Esa solidaridad de Lalo Cuevas merece ser remarcada y agradecida públicamente.

Su padre, el doctor Ángel Cuevas, fue también un ejemplo en la solidaridad en el ejercicio, con creces, de sus deberes profesionales. Fue el médico de los tísicos cuando en aquellos años era una heroicidad ejercer la medicina frente a un dura enfermedad como representaba la tuberculosis. Las consultas de don Ángel, con colas de enfermos durante muchas horas al día, eran la mejor expresión de esa entrega y solidaridad, que supo recoger Eduardo, que con legítimo orgullo y admiración hablaba de su padre, que sentía por dos poderosas razones: por su filiación política a Izquierda Republicana y el haber superado, sin renunciar a sus ideales, las represalias del régimen vencedor. En cierto modo, Lalo también heredó de su padre las inquietudes políticas y en el socialismo mantuvo un espíritu republicano y crítico a la vez, como intelectual que era.

El doctor Eduardo Cuevas Fernández-Regatillo nos dejó en su quehacer como escritor e historiador decenas de artículos y algunos libros sobre Torrelavega y su historia. Desde hacía unos años venía escribiendo una magnífica obra de historia sobre Santillana, que al día de hoy no ha visto la luz por esa falta de apoyos institucionales a los autores. Pero si importante fue su obra, no menos sus aportaciones. Cuando contaba con documentos, datos o cualquier cosa merecedora de atención, Eduardo Cuevas las compartía con intensidad y sin reserva alguna, porque para él lo importante era construir la historia de la ciudad, y en este objetivo arrimaba el hombro con una disposición siempre positiva.

Hace dos años, el grupo Quercus con cuyas iniciativas se comprometió públicamente, decidió homenajear a cuatro destacados escritores torrelaveguenses: Pablo del Río Gatoo; Pepe Izaguirre, Aurelio García Cantalapiedra y Eduardo Cuevas Fernández-Regatillo. Frente a la mezquindad institucional para este tipo de iniciativas, la de Quercus fue justa y oportuna. En aquél acto, Lalo aportó, como siempre, mil y un detalles de vivencias personales que hoy forman parte de la historia común torrelaveguense. Lo hizo con su estilo de siempre, no exento de señorío.

Aquél homenaje tuvo algo de despedida desde un agradecimiento cívico: Pablo del Río falleció poco tiempo después y ahora despedimos al doctor, escritor e historiador Eduardo Cuevas Fernández-Regatillo. Con su desaparición, perdemos la referencia de un cierto aire señorial de quién como él vivió la vida con el espíritu crítico que permite la inteligencia y la intensidad de un amor no disimulado a su ciudad, en lo que fue un ejemplo. Sin duda que Torrelavega y sus amigos notaremos su ausencia.

José Ramón Saiz - Periodista y Escritor - Abril 2006
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