Lalo Cuevas

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Lalo era la memoria, pero la memoria selectiva, la que reconoce entre la niebla al cuatrero, aquélla a la que no se le pasa quién fue el lobo, aunque se vista de cordero.

Lalo era la enseñanza, aquella cargada de ideología, no la barata, que ahora se vende en cualquier mercado, sino la que a muchos nos hace aún creernos de izquierdas.

Lalo era un estilo, una coherencia, un camino.

Lalo siempre sonreía, siempre se reía de lo que pasaba; siempre mordaz, siempre tiñéndolo todo de un matiz cínico, irreverente, cáustico.

Y estar con él era aprender, discernir, criticar, pensar; en fin, todo aquello que dejó de ser, que se ocultó por la noche de esta sociedad derechosa y dormida.

Con Lalo se me va un maestro, uno de los pocos maestros que la vida nos pone delante y que no debemos dejar pasar cómo si fuera una presencia más de esas que no aportan nada a nuestras vidas.

Lalo será siempre para mi referencia, recuerdo, admiración, respeto, alegría, ironía, escuchar, entender, compartir.

Lalo, o Eduardo Cuevas se fue y nos deja un camino para seguir construyendo.

Gracias por todo, caballero.

Pedro Telechea - Octubre 2003
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