Ciuco Gutiérrez

fotonoticia Torrelaveguense Ilustre 2005
GLOSA

La Vida Más Allá del Plástico

Manuel Teira Cobo

La fotografía. Magia de luz y química que atrapa el instante para perpetuarlo, fijarlo en el tiempo y actuar como prótesis de la memoria. La vida queda paralizada, estática, y únicamente las emociones o los recuerdos que despiertan las imágenes en el espectador laten en las retinas y los sentimientos de quienes las contemplan.

Así llegó a nosotros el dolor de aquella niña que corría desnuda, llorando, con la piel quemada y el miedo en los ojos, huyendo de los horrores vietnamitas del napalm. De este modo reconocimos al miliciano fulminado por un disparo en un cerro de la provincia de Córdoba, y que la cámara capturó en el momento preciso del impacto definitivo para convertirlo en héroe anónimo e icono de referencia. Por una fotografía el mundo se conmovió ante el descabellado valor de aquel joven universitario chino, idealista y revolucionario, que quiso detener el inexorable avanzar de un tanque permaneciendo inmóvil ante la mole de metal y muerte, en la plaza de Tian`anmen.

Pero no siempre es así.

En ocasiones, la fotografía, o quizá mejor debiera decir el fotógrafo, en un ejercicio de creación en el que se funden sensibilidad y birlibirloque, dispone de los objetos inanimados, inertes, para traerlos a la vida con el abracadabra de la iluminación, la composición y, supongo, que alguna otra cosa más que no me es dado conocer.

Es entonces cuando el Caballero de Ajax, ahogado hasta entonces en el olvido de un tambor de detergente en el desuso de un rincón del desván, cabalga desafiante y pletórico por vez primera. Sólo en ese momento, el bloque completo que conforman la fuente, los leones, el carro y la mismísima diosa Cibeles, recreada en miniatura de medio pelo para turistas voraces, emprende su paseo anhelado por las calles de Madrid. Es ahí cuando el vello que ella esconde se transforma en oasis de deseo, prodigio en el que crecen palmeras de plexiglás a escala para los airgamboys, y a donde acude frenético el jinete para saciar su sed prohibida.

Naturaleza Muerta, afirman expertos y conocedores. Pero no pude ser, pues nada tiene de natural o de difunta esta vida de plástico y cartón piedra.

Objetos resucitados dicen otros. Lázaros titubeantes que se preguntan asombrados tras el intervalo de oscuridad ¿qué es lo que ha pasado aquí? Pero tampoco, ya que estos seres siempre fueron ajenos a toda vida, hasta que el fotógrafo los encontró en un mercadillo de regateo y ave de paso. Ni el futbolista diminuto, reserva sin gloria extraviado de un juego de subuteo, ni la vaca, mansa y estéril, de la granja de Pin y Pon. Fue su soplo de calidad creativa, el manejo de la luz, la composición y el objetivo, lo que insuflo ánimo donde antes sólo había materia de escaparate para un todo a cien.

Hay quien afirma que lo suyo es kitch, como los taxis de Almodóvar, como la vitola de Paquito Clavel o como el Cine de Barrio. Yo, personalmente, nunca me he sentido identificado con éstos; ni con el cineasta del femenino, ni con el cantante incombustible, ni con el defenestrado JM Parada. Y, sin embargo, cuando contempló una fotografía de Ciuco busco adentrarme en sus secretos, en un intento arriesgado por hacer mía la historia que encierra, por rescatar en una inmersión de colores apabullantes, rotundos, todo lo que en ella se sugiere y adivina. Disfrutando. Y luego, al emerger, me siento mejor. Más imaginativo. Más vivo. Y con ganas de irme de andanzas de olor a pino, con efecto desinfectante, con el muñeco del Ajax.

Y en ese instante, si alguien me preguntará esa cuestión que tantas veces te plantean, y a la que nunca he sabido responder con certeza, de aquello de ¿y tú que eres? Por fin, seguro, y por una vez con las ideas claras, afirmaría solvente: ¡Oiga, pues lo mío va a ser que soy kitch, empeñado en buscar vida!

Grupo de Opinión Quercus - Diciembre 2005
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