Gloria Ruiz

Torrelaveguense Ilustre 2017 Torrelaveguense Ilustre 2017

LAUDATIO DE GLORIA RUIZ

Excelentísima Vicepresidenta
Excelentísimo Alcalde
Querida Gloria
Queridos y queridas tod@s quienes nos acompañáis

Me cabe a mí, siguiendo la tradicional costumbre del Grupo de Opinión Quercus y en su representación, el gratísimo e inmerecido honor de pronunciar una semblanza de los méritos que visten e invisten a Gloria Ruiz, nuestra flamante Torrelaveguense Ilustre de 2017.

Sin lugar a dudas, la presente semblanza se debería convertir en un hermoso epinicio, para poder proclamar más bellamente tantas excelencias de la vida cultural y humana de Gloria, pero quedándome muy lejos de poder emular a Píndaro nos centraremos en destacar pasajes de su trayectoria marcada por el compromiso social y su excelente trabajo como escritora.

Y paso con ello ya a recordar algunas facetas de su trayectoria.

GLORIA RUIZ, hija de torrelaveguense y nieta de orígenes cubanos, y la mayor de cuatro hermanos, nació en Casar de Periedo en un 1942 demasiado inmediato a lo que ella misma bautizaría mucho tiempo después como nuestra Guerra Incivil.

Su padre, natural de Campuzano, vino a fundar en el pueblo familia y tienda de aquellas que ofrecían suministro de casi todo, regalando franca amistad y guardando convicciones republicanas.

Casar de Periedo era por aquellos años uno más de incontables lugares que vivían tiempos oscuros, de gentes todavía celándose secretos y algunas que otras vivencias clandestinas. Creció Gloria, así, intentando desentrañar desde su niñez el sentido de los silencios cómplices, el porqué de las conversaciones en voz baja o qué le traía al pueblo a aquél señor de corbata que aparecía de vez en cuando.

II

Su acercamiento a Torrelavega fue muy temprano; muchas veces a lomos de una Vespa y las más de ellas alentada por su devoción hacia el cine y la oferta que para su satisfacción presentaba -eran otros tiempos- nuestra Ciudad.

Deseó ser abogada pero viró su destino hacia el magisterio, pudiendo de este modo ahondar más en la relación con nuestra Ciudad al cursar aquí sus estudios, y tras un periplo docente con paradas en diferentes Escuelas (Casar de Periedo, Anievas, Cartes…) encontró en Torrelavega su personal Ítaca.

Aquí trasladó su vida, y quién sabe si el pulso de las inquietudes que afloraban a finales de aquella década de los sesenta en el corazón -de potente latido- de una ciudad obrera impregnara aún más la conciencia de Gloria.

Y la inquietud se hizo compromiso.

Pionera de una labor social en defensa de los derechos ciudadanos, especialmente entre las mujeres de Torrelavega durante la etapa de la Transición, Gloria participa del nacimiento y preside la primera asociación de mujeres conocida en la historia de la Ciudad, allá por 1974. El impulso para hacerlo posible vino de la mano de un año internacional de la mujer en que habría de convertirse 1975.

Prever y preparar su celebración en el flamante Mercado Nacional de Ganados motivó las primeras tomas de contacto que, con nombres de mujer, compusieron y dieron origen a aquella pionera asociación que, bajo el afable nombre de Asociación de Mujeres de Hogar de Torrelavega y su Comarca, abrió el primer camino hacia metas aún no alcanzadas hoy del todo.

Fueron años pródigos en peregrinajes a Santander, para entrevistarse con el Gobernador Civil de turno, y de activismo social empeñado en mitigar un hambre de progreso que golpeaba con la mayor de sus fuerzas entre las mujeres.

III

Difícilmente disociables, la inquietud social y la cultural han sido un todo-uno para nuestra Ilustre Torrelaveguense.

La vecindad en Torrelavega hizo fácil que Gloria prodigara cada vez más sus visitas a Puntal 2, aquella librería singular, pero más librería que ninguna porque sólo de libros se componía su oferta, amén de regalos de otras actividades culturales. Puesta en marcha por José Ramón Saiz Viadero, el localito de dos plantas de la calle Juan XXIII del barrio de la Inmobiliaria despertaba cada vez mayor interés en Gloria, tanto que poco tiempo después emprendería, junto a Luis Alberto Salcines, la aventura de dirigir este espacio vivo de encuentro.

Fue el arranque de una arrolladora actividad cultural más allá de lo imaginable por entonces en una librería, pero muy a la altura de una Ciudad ansiada de desperezarse del letargo de energías intelectuales reprimidas. En Puntal 2 y junto a Luis, Gloria Ruiz hizo posible, en aquellos inicios de la transición, “un foco resistente y activo de transformación social a través del arte y la palabra”, en expresión del poeta Rafael Fombellida.

Gloria hizo de puntal 2 un pequeño paraíso donde confluyeran todo tipo de inquietudes dispersas; un paraíso de arte y palabra cuya evocación nos trae un universo de nombres propios, un sorprendente alfabeto que reúne a Jesús Otero y Mauro Muriedas entrañables, a Roberto Orallo, Faustino Cuevas, Xesus Vázquez, a Julio Sanz Saiz, a Isabel Garay, Ángel de la Hoz, Esteban de la Foz, Agustin Riancho, Carmen Van den Eynde, Miguel Vázquez, Ángel Izquierdo…

Un recorrido de nombres propios por donde deambularon Piti Cantalapiedra, Rodríguez Alcalde o Carlos Galán, el canto fresco de Adolfo Díaz, los montajes audiovisuales con los que Antonio Campuzano venía desde Madrid, las nacientes creaciones poéticas de Carlos Alcorta o Rafael Fombellida…

Se habló de cine y se vio cine, se entonaros poemas de libertad, nos hablaron de salud y de ecología -que ya entonces había osados profetas de futuros ambientales inciertos- y la sociología, la historia o la política vieron nueva luz.

Y el barco de Puntal 2 fondeó en Torrelavega los trabajos y las artes (que en lo uno siempre hay de lo otro) de Agustín Ibarrola, de Guinovart, de Antonio Saura, de Chillida, de Tapies o de Joan Miró.

Como promotora de diversos artistas, la labor de Puntal 2 llegó a ser expresamente reconocida, en noviembre de 1981, con el segundo premio nacional de promoción concedido por el Ministerio de Cultura, de enorme valía, considerando los ingentes medios de los que disponía la librería madrileña que logró el primero.

Esta singladura cultural como antes nunca se había visto en Torrelavega se hizo imposible en 1983, cuando la trayectoria sostenida a viento y marea, sin ayuda económica de ningún tipo, arribó definitivamente en el cierre de definitivo de las puertas de lo que durante casi una década fue el espacio central de referencia en la Ciudad y a la vez poderoso centrifugador crítico y creativo.

Volviendo la mirada atrás estos días de actos programados en torno a la Torrelaveguense Ilustre hemos recordado aquello que escribiera el periodista local Mauro Muriedas -Maurín-: que Puntal 2 sería tema de añoranza en la Ciudad.

Gloria, una de las activistas culturales más destacadas de la reciente historia de Cantabria, atesorando las experiencias al frente de la galería Puntal 2, crearía y dirigiría durante varios años la sala de arte “Algas” de Suances, una iniciativa de aquél Ayuntamiento a su vez creadora de escuela.

Todo esto y más fue Puntal 2 de la mano de Gloria Ruiz. Todo esto y más pasamos ahora por alto -no sin declarar que nadie de los que antes no fueran nombrados es olvidado en absoluto- para centrar la última parte de nuestra semblanza en un nuevo aspecto, igualmente destacable, de Gloria Ruiz, como es, porque no ha terminado de ser, su torrente creativo literario.

IV

Dio Gloria Ruiz sus primeros pasos como escritora formando parte del grupo promotor que editó la revista literaria Cuévano y publicando su poesía en los cuadernos de Peña Labra, poesía porque en Gloria el verbo se hizo verso. Y rompió la timidez de publicar un libro en 1977, Versos de amor y muerte, con el que renunció al placer solitario de su escritura para convertirla en patrimonio de todos.

Siguió casi de inmediato su segundo trabajo, Rasgando oscuridades, y en 1981 ganaría, avalada por la unanimidad del Jurado, la primera edición del premio de poesía Ciudad de Torrelavega -más tarde rebautizado como José Luis Hidalgo- con su obra Pieles sin retorno, a la que seguiría su libro, publicado en la colección Anjana, La raíz del alba, que ilustrara Esteban de la Foz.

En Alitaki, editado en 1985 dentro de la colección, Scriptum, Gloria utiliza la traducción al griego de “Muchachito” para evocar en el título de su quinto libro al joven poeta y militante demócrata Alexandros Panagoulis, víctima de la dictadura de los coroneles y extrañamente muerto en el interior de un BMW rojo.

La colaboración con Scriptum daría como resultado un nuevo trabajo, Del poeta extrañado, editado en 1987, y dos años más tarde, sus Palabras de perfil verían la luz en forma de libro, y varios años después, en un disco fruto de una iniciativa hispanocubana.

Su última incursión -hasta ahora- por la expresión poética nos la ha legado en 1999, año en que nos habló, en su depurada lírica, De sombras -y alguna penumbra-.

No podríamos hacer mejor reflexión sobre el alcance de su poesía que tomando prestadas las palabras recientes de Carlos Alcorta en un diario regional:

Gloria es consciente de que la palabra es solo un instrumento, pero resulta insuficiente para trasmitir el dolor de la existencia, por eso escribe, canta desde un yo solidario, un yo capaz de hacernos partícipes de la alegría y del amor, pero también de la crueldad o la desesperanza, la desesperanza de alguien que no ha vivido directamente la contienda, pero sí ha sufrido las terribles consecuencias de una realidad sórdida, gris, mugrienta, una realidad que le gustaría cambiar, por qué no, también a través de sus poemas.

Una obra poética extensa y hermosa que forma parte de muchas antologías, interminables de referir, porque hemos de seguir la trayectoria literaria de Gloria en su manifestación narrativa, compuesta por cuatro títulos, aunque enseguida desmentiremos tal afirmación.

Narradora de excepción, Gloria emprendió la faceta en la que más se ha prodigado en estos últimos años con la publicación, en 1993, de Translúcida de luna. Anémonas desde la mar, editada por la colección La Ortiga la seguiría en 1997. En ellas nos descubre lo que ya va a ser tanto su estilo, evocador de la mejor narrativa castellana, como la temática, nada distante de la que aborda en forma de verso.

Tres obras más recientes confirman esa tendencia y sitúan a Gloria Ruiz en primerísima línea del panorama literario regional: Siempre siemprevivas, publicada en 2007, dentro de la colección Ultramar; Sin un adiós, en edición de Quálea Editorial, en 2010, y su último libro -al menos hasta este preciso instante-, Mujeres que caminan sobre hielo, que vio la luz en 2014.

Todas ellas obras que rinden homenaje a aquello que José Bergamín dijera en una ocasión: que lo mejor de la historia se escribe rescatando del olvido la memoria.

Y Gloria ha recuperado para nuestra lectura no sólo la historia de algunas personas, sino también lo colectivo: la historia de todas. Niega con su literatura el olvido, porque el tiempo no debe pasar sin más. Tal vez cure heridas, pero rara vez alivia injusticias.

Y también describe en sus relatos ese mundo femenino olvidado, porque olvidada está, en muchos aspectos, casi todos, la mujer. Y aunque en todo conflicto, la mujer siempre sufre más, Gloria nos viene a contar que siempre habrá posibilidad de sobreponerse.

V

Concluyo desvelándoles una incógnita deslizada hace un rato en torno a las obras conocidas de Gloria.

No haríamos honor a la verdad si ocultáramos lo que ha deparado el gesto que Gloria Ruiz ha tenido en forma de regalo excepcional que nos ha hecho al Grupo de Opinión Quercus.

Volver con la frente marchita (título con aires inequívocos de tango) es un trabajo inédito de Gloria, cuya generosidad ha hecho posible no sólo que dispongamos de nuevas hermosas páginas de su talento narrativo, sino que nos va a hacer partícipes a todos quienes compartimos hoy con ella su merecido homenaje.

Su edición, en una tirada limitada conmemorativa de su nombramiento como Torrelaveguense Ilustre 2017, ha sido posible gracias al apoyo prestado por la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Cantabria, motivo por el cual reiteramos a su titular, Francisco Fernández Mañanes, que nos honra con su presencia, nuestro agradecimiento.

Y para el Grupo de Opinión Quercus, siempre deseoso de alumbrar nuevas hojas en su colección de ediciones, es un motivo de enorme satisfacción contar con un trabajo de Gloria: una sencilla y a la vez hermosa obra en la que su narradora modela, en su personal y depurada prosa poética, recuerdos y quién sabe si anhelos también.

* * *

Por una trayectoria impecable de compromiso social y cultural; por su entrega en la promoción de las energías intelectuales de nuestra Ciudad, Gloria Ruiz ha merecido el título de Torrelaveguense Ilustre 2017 y toda nuestra gratitud.

Jesús García
Grupo de Opinión Quercus - 10 de marzo de 2018
Jesús Gacía pronuncia un discurso Gloria Ruiz recogiendo el premio junto a miembros del gGrupo Quercus icono Torrelaveguense Ilustre